El acuerdo trinacional impulsado desde Tarija para fortalecer el Corredor Bioceánico Central del Sur ubica a La Quiaca en un lugar estratégico dentro de una nueva arquitectura regional que une municipios de Bolivia, Argentina y Chile.
La Quiaca, vértice del Corredor Bioceánico Sur: la frontera norte empieza a trazar su propio destino geopolítico

La presencia del intendente Dante Velázquez confirma una línea de gestión iniciada desde el primer día: dejar de pensar a La Quiaca como frontera final y proyectarla como puerta norte, nodo de integración, turismo, comercio y desarrollo.
La histórica Tarija fue escenario de un hecho que puede modificar el mapa político, económico y territorial del sur continental: municipios de Bolivia, Argentina y Chile avanzaron en la construcción del Corredor Bioceánico Central del Sur, una iniciativa que busca unir pueblos, rutas, producción, turismo y comercio internacional desde una mirada regional. La propuesta, liderada por la Alcaldía Municipal de Tarija, sumó a Camargo, Villa Abecia, Las Carreras, Colcha K, San Pablo de Lípez, San Antonio de Esmoruco, Villazón y Cotagaita, además de Iquique en Chile y La Quiaca junto a otras localidades de Jujuy.
En ese diseño, La Quiaca no aparece como un punto más del mapa: aparece como vértice. Su ubicación en la frontera norte argentina, su vínculo natural con Villazón, su proyección hacia la Puna, su cercanía con los pasos internacionales y su rol dentro de los futuros esquemas de zona franca la convierten en una pieza central de la integración bioceánica. Lo que antes podía ser visto como distancia del centro político nacional, hoy se transforma en ventaja estratégica: La Quiaca está donde la Argentina se encuentra con Bolivia y donde el norte argentino puede empezar a mirar con decisión hacia el Pacífico.
Desde el inicio de su gestión, el intendente Dante Velázquez viene trabajando en una lógica de cosmovisión regional: entender que La Quiaca no puede desarrollarse aislada, sino integrada a una geografía mayor que comparte historia, comercio, cultura, turismo, frontera y destino común. Por eso celebró el convenio desde Tarija y dejó una definición de fuerte contenido político: “La Quiaca no puede seguir pensándose como el último punto de la Argentina; somos la puerta norte del país y el primer paso hacia una integración real con Bolivia, Chile y el Pacífico”.

El corredor no es solamente una ruta: es una decisión geopolítica. Significa abrir mercados, conectar territorios postergados, reducir costos, potenciar el turismo regional, fortalecer economías locales y permitir que cada municipio muestre su propia riqueza. Tarija aporta vino, singani, olivo y jamones; el sur boliviano suma salares, cultura andina, turismo comunitario y producción local; Iquique ofrece salida al Pacífico; y La Quiaca puede aportar frontera, comercio, servicios, gastronomía puneña, identidad cultural, zona franca y articulación binacional.
Velázquez también remarcó que este acuerdo no debe quedar encerrado en una foto protocolar ni en una declaración de buenas intenciones. Desde su mirada, el corredor debe convertirse de inmediato en política pública municipal: “Este convenio no puede quedar en una foto; desde La Quiaca lo vamos a tomar como una política pública, porque cada paso del corredor debe traducirse en trabajo, turismo, comercio, producción y oportunidades para nuestra gente”. Esa frase marca el desafío: transformar la diplomacia municipal en planificación concreta, infraestructura, capacitación, promoción turística y desarrollo económico.
La importancia de La Quiaca dentro de este proceso también obliga a pensar el futuro con seriedad. La ciudad deberá prepararse para recibir más movimiento comercial, turístico y logístico; ordenar sus servicios; fortalecer su vínculo con Villazón; mejorar su infraestructura urbana; capacitar a emprendedores y comerciantes; y lograr que la zona franca no sea una promesa aislada, sino una herramienta integrada a una estrategia mayor. Si el corredor avanza, La Quiaca puede convertirse en plataforma de servicios, paso estratégico y centro de oportunidades para toda la Puna jujeña.
La lectura final es contundente: el Corredor Bioceánico del Sur puede devolverle a La Quiaca un protagonismo histórico que durante años le fue negado. La frontera norte deja de ser margen y empieza a ser centro; deja de ser límite y empieza a ser puente; deja de esperar decisiones desde lejos y comienza a construir su propio destino regional. Desde Tarija, con Dante Velázquez como parte activa de esta agenda, La Quiaca vuelve a pararse en el mapa con una definición épica y concreta: no es el final de la Argentina, es el comienzo de una nueva integración sudamericana.























