INTENDENTE DE LA QUIACA

Dante Velázquez desafió la crisis y dio casi 200 pases a planta: “No es un cartón, es justicia social, es dignidad”

En un Jujuy atravesado por restricciones presupuestarias, congelamiento del gasto y crisis crónica, el intendente de La Quiaca, Dante Velázquez, logró una medida de enorme relevancia laboral: casi 200 empleados municipales recibieron su pase a planta permanente.

Fuente: periconoticias.com.ar

El acto, realizado en el flamante Complejo Cultural Manka Fiesta, fue presentado como una reparación histórica, una decisión política tomada sin romper los límites fiscales provinciales, sin comprometer servicios públicos y con una administración municipal reordenada quirúrgicamente para sostener derechos.

Jujuy. La Quiaca vivió una jornada de profundo contenido social, laboral y político. En el Complejo Cultural Manka Fiesta, casi 200 trabajadores municipales recibieron el decreto de pase a planta permanente, una medida que en el actual contexto económico de Jujuy parece casi imposible: restricciones presupuestarias, congelamiento del gasto, municipios exigidos por la crisis y una realidad nacional que golpea todos los días las arcas públicas.

Pero Dante Velázquez decidió avanzar. Lo hizo, según explicó, después de ordenar, optimizar y revisar quirúrgicamente la administración municipal para poder cumplir con una nueva tanda de pases a planta sin comprometer los servicios públicos, sin desequilibrar las cuentas del municipio y sin romper los límites del pacto fiscal vigente en la provincia. Fue una decisión política, pero también una ingeniería administrativa de precisión.

El acto tuvo una carga emocional inusual. No fue una simple entrega de certificados. Fue la formalización de una conquista largamente esperada por trabajadores y familias que durante años convivieron con la incertidumbre. En su discurso, Velázquez eligió no esconder la emoción. Comenzó agradeciendo a Dios, a la Madre Tierra y a la Manka Fiesta, a la que definió como una síntesis espiritual y cultural de La Quiaca.

Conmovido, el intendente fue al centro del conflicto histórico: la precariedad laboral. Frente a los trabajadores, dijo una de las frases más fuertes de la tarde: “De corazón les pido perdón por lo pasado”. No esquivó la responsabilidad política de las gestiones anteriores ni la larga espera de muchos empleados. Habló de “más de 13, casi 14 años de injusticias”, de trabajadores que quedaron atrapados entre decisiones erradas, disputas políticas y falta de soluciones concretas.

Velázquez relató que, desde el inicio de su gestión, el 10 de diciembre de 2023, presentó al Gobierno de la Provincia distintas alternativas para sanear situaciones laborales pendientes. Admitió que durante mucho tiempo no encontró respuestas, que las gestiones iban y venían y que los informes eran negativos. Hasta que decidió plantearse una pregunta determinante: “¿De qué sirve que yo sea el intendente de la ciudad de La Quiaca y sea un gobierno autónomo?”

Esa frase marca el espíritu de la medida. La autonomía municipal, para Velázquez, no podía limitarse a administrar escasez. Tenía que servir para corregir injusticias. Por eso insistió, gestionó, discutió y finalmente logró respaldo para avanzar. Según su relato, hubo quienes le dijeron que no lo hiciera, que no era conveniente, que no estaban dadas las condiciones. Pero él decidió arriesgar. No por imprudencia, sino porque veía una injusticia que ya no podía seguir esperando.

El intendente fue claro al explicar el sentido de la decisión: “Hoy no es la entrega de un cartón. Es justicia social. Es dignidad. Es el agradecimiento profundo por el compromiso de ustedes, por su trabajo, por su lealtad a su pueblo”. Esa definición colocó la medida en un plano superior al administrativo. El pase a planta fue presentado como reparación, reconocimiento y acto de justicia para quienes sostienen todos los días el funcionamiento de la ciudad.

También habló a las familias. Porque detrás de cada trabajador hay una casa, una mesa, hijos, proyectos, deudas, miedos y esperanzas. “¿Quién no quiere tener un poquito más de tranquilidad?”, preguntó Velázquez. Y allí apareció el corazón humano del acto: en tiempos de inestabilidad, recibir la planta permanente significa dormir un poco mejor, proyectar con menos angustia y sentir que años de trabajo fueron finalmente reconocidos.

El jefe comunal pidió a los beneficiarios cuidar la conquista. “Cuídenlo. Cumplan con su pueblo. Sean leales a su pueblo. La lealtad tiene que ser a su bendita tierra”, sostuvo. En ese tramo, el discurso tomó un tono identitario profundo. Velázquez llamó a no renegar de la raíz, de los padres, de los olores, de los sabores y de los colores de La Quiaca. Habló de terminar con enfrentamientos inútiles que, según dijo, hicieron perder demasiado a la ciudad.

Uno de los pasajes más duros fue cuando defendió a los trabajadores municipales frente al desprecio social y político que muchas veces reciben. Dijo haber sufrido al escuchar cómo algunos los trataban de manera injusta, llamándolos “borrachos”, “inservibles” o reduciéndolos despectivamente a la condición de empleados municipales. Frente a eso, respondió con una reivindicación contundente: “Si no ustedes, nadie podría hacer absolutamente nada. La ciudad de La Quiaca les debe todo a ustedes”.

Velázquez insistió en que los municipales son los verdaderos artífices de la transformación urbana e institucional. Recordó que muchas veces hacen trabajos que ni siquiera les corresponden, resolviendo problemas de instituciones, vecinos y áreas que dependen de otros niveles del Estado. Por eso remarcó: “Solamente los cobardes y los mentirosos pueden decir que lo pueden hacer sin el pueblo municipal”.

El escenario elegido también tuvo un peso simbólico. El acto se realizó en el flamante Centro Cultural Manka Fiesta, una obra que Velázquez reivindicó como fruto de los recursos de los vecinos y de las manos de los obreros municipales quiaqueños. “Este edificio hermoso, donde está el trabajo que ustedes han hecho, lo que han generado los impuestos de cada uno de los vecinos, las manos hacedoras de tantos héroes y heroínas, esto es de ustedes. No es de nadie más”, expresó.

La medida también proyecta un mensaje hacia el futuro. El intendente aseguró que esta conquista es apenas el comienzo de una etapa de mayor justicia social, ampliación de derechos y crecimiento. Anticipó que La Quiaca tendrá su zona de frontera y que eso generará más empleo directo e indirecto. También adelantó que en poco tiempo estará en condiciones de anunciar dos obras importantes para la ciudad.

En medio de ese mensaje, Velázquez dejó una confesión política y humana: “Esto es un saco prestado. Este cargo es muy prestado. Yo sé que me tengo que ir”. La frase sintetizó una mirada sobre el poder: el cargo pasa, pero los derechos quedan. El intendente admitió que él está de paso, pero que la estabilidad laboral obtenida debe ser disfrutada y celebrada por las familias de los trabajadores beneficiados.

El acto tuvo, entonces, varias capas de lectura. Fue una decisión administrativa, una medida laboral, una reparación histórica, un gesto político y una reivindicación del trabajador municipal como columna vertebral de La Quiaca. En una provincia donde muchos municipios apenas logran sostener lo básico, Velázquez logró ordenar su gestión para abrir una puerta de estabilidad en medio de la incertidumbre.

La entrega de casi 200 pases a planta permanente no resuelve todos los problemas, pero marca un rumbo. Da certidumbre. Repara parte de una vieja deuda. Reconoce años de esfuerzo. Y envía un mensaje potente: aún en crisis, cuando hay decisión política, equilibrio fiscal, gestión insistente y administración responsable, los derechos pueden ampliarse.

La tarde en el Manka Fiesta dejó lágrimas, abrazos y una certeza: para muchas familias municipales, el futuro empezó a sentirse un poco menos frágil. Y para La Quiaca, la estabilidad de sus trabajadores significa también estabilidad para su transformación.

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