La ciudad de La Quiaca vivió sus fiestas patronales en honor a la Virgen del Perpetuo Socorro con una intensa jornada de devoción popular, misa, procesión, almuerzo comunitario y festival musical. La comunidad quiaqueña, acompañada por la gestión municipal, volvió a demostrar que la fe sigue siendo uno de los pilares más profundos de la identidad de frontera.
La Quiaca rindió honores a la Virgen del Perpetuo Socorro con fe, música y comunidad

La Quiaca. La Quiaca volvió a inclinar el corazón ante su patrona. Con devoción, gratitud y una profunda expresión de fe, la comunidad rindió homenaje a la Virgen del Perpetuo Socorro en el día central de las fiestas patronales, una celebración que reunió a familias, instituciones, comunidades religiosas, vecinos, artistas y autoridades municipales en torno a una misma emoción: honrar a la Madre que acompaña la vida espiritual del pueblo quiaqueño.
El programa había comenzado el viernes 26 con una serenata cargada de calor popular en medio del frío intenso de la noche puneña. Junto a una fogata que abrigó a los feligreses, la música fue también oración, encuentro y refugio. Miembros del gabinete municipal y el equipo de la Secretaría de Desarrollo Social acompañaron la actividad y ofrecieron un rico anchi para compartir con la comunidad, en un gesto sencillo, pero profundamente representativo de la identidad solidaria de La Quiaca.

La Banda de Música Municipal, que hace pocos días celebró sus 50 años de trayectoria, también formó parte de la víspera, sumando solemnidad, historia y emoción a la celebración. Su presencia no fue un detalle menor: en La Quiaca, la música municipal acompaña los grandes momentos de la ciudad, y esta vez volvió a estar al servicio de la fe, de la memoria y de la comunidad.
La jornada central comenzó desde temprano con la misa frente al templo, donde los devotos se congregaron para agradecer, pedir y renovar su vínculo con la Virgen del Perpetuo Socorro. Luego, la imagen salió en procesión por la ciudad, visitando instituciones, barrios y casas de los feligreses. Según relató Graciela Cruz, fue una jornada muy especial porque, por primera vez, la imagen de la Virgen salió en andas, llevada por los propios vecinos durante un recorrido que duró casi dos horas.

La procesión atravesó los barios San Cayetano y Perpetuo Socorro, elegidos en esta oportunidad por el párroco para llevar la presencia de la patrona hasta distintos sectores de la ciudad. Allí se vio una de las postales más fuertes de la jornada: vecinos caminando junto a la imagen, familias esperando su paso, comunidades acompañando con respeto y una ciudad que convirtió la calle en templo abierto.
Al finalizar el recorrido, la celebración continuó frente a las escalinatas de la Catedral, donde los organizadores de la parroquia ofrecieron un almuerzo comunitario para todos los presentes. El tradicional pollo con arroz, preparado y compartido por las comunidades, volvió a convertirse en un gesto de unidad. Porque en las fiestas patronales, la fe no solo se reza: también se comparte en la mesa, en el saludo, en el plato ofrecido y en la alegría de estar juntos.

Por la tarde, el festival en honor a la Virgen reunió a artistas y grupos musicales que le pusieron ritmo, color y emoción a la celebración. Entre los números anunciados estuvieron Cosa Peña, Gustavo Ortuño, Los Diableros, la familia Flores, Alan Brito, el Coro Juan Pablo II de Villazón, el señor Tapia con su propuesta de mariachi, Renovación Shulca y el cierre previsto con Munay. La presencia de artistas locales y regionales reforzó el carácter popular de una fiesta que une devoción, cultura y pertenencia.
Graciela Cruz agradeció especialmente el acompañamiento del intendente Dante Velázquez y de la Municipalidad de La Quiaca, destacando la predisposición para colaborar con el sonido y con la organización de un festival de esta magnitud. “Siempre está predispuesto a colaborar y nuevamente volvió a abrir las puertas del municipio”, expresó, al valorar el trabajo conjunto entre la comunidad parroquial y la gestión municipal.

Ese compromiso institucional permitió que los actos y eventos se desarrollaran con mayor fuerza, cuidando cada detalle para que la celebración estuviera a la altura de lo que la patrona representa para la ciudad. La articulación entre la Iglesia, los vecinos y el municipio mostró que cuando la fe convoca, La Quiaca responde con organización, respeto y participación.

Las fiestas patronales de la Virgen del Perpetuo Socorro dejaron una imagen profunda: un pueblo que camina unido detrás de su patrona, que enfrenta el frío con comunidad, que canta su fe, que comparte el pan y que pide bendiciones para la salud, el trabajo y el amor. En la frontera norte, donde la vida muchas veces exige fortaleza, La Quiaca volvió a demostrar que su devoción sigue viva, luminosa y profundamente arraigada en el corazón de su gente.























